Reseña | Anthony Ocaña: In Trance (La Luna o los Ritos del Amor) [en La Casetera]

Quiero compartir con ustedes una reseña que ha sacado La Casetera sobre mi disco "In Trance". Me pareció tan completa que quise compartir su totalidad por acá. De todas formas pueden acceder a la reseña a través de la página de La Casetera.

http://www.lacasetera.com/2015/06/resena-anthony-ocana-in-trance-la-luna-o-los-ritos-del-amor-2/

 

Por: Diego Cepeda + Max “Drlacxos” Cueto

“Imagina un ojo que no obedezca a las leyes de la perspectiva creadas por el hombre, un ojo desprejuiciado frente a la lógica de la composición, un ojo que no responda a ningún nombre pero que conozca a cada objeto encontrado en la vida a través de una aventura de la percepción. ¿Cuántos colores hay en un campo de pasto para un niño que no es consciente del “verde”? ¿Cuántos arco iris puede crear la luz para un ojo no educado? ¿Cuán consciente puede ser el ojo de las variaciones en las olas de calor? Imagina un mundo vivo con objetos incomprensibles y destellantes con una variedad infinita de movimientos e innumerables graduaciones de color. Imagina un mundo antes de ‘en el principio era el Verbo” - Stan Brakhage, Metaphors on Vision (1963).

Al enfrentarnos el reto de abordar con palabras el trabajo de Anthony Ocaña, hay que despojarnos de conceptos establecidos, de conexiones lógicas, de relaciones semánticas y entregarse por completo a la experiencia. In Trance (La Luna o Los Ritos del Amor) es una producción que sin lugar a dudas juega con nuestros sentidos y nuestras sensibilidades al exponernos a nuevas texturas sonoras donde los instrumentos no son sólo instrumentos, donde una guitarra no sólo cumple el papel de guitarra, sino también es capaz de cumplir el papel de pincel frente un lienzo en blanco o de comportarse como un elemento narrativo para marcar una elipsis entre los movimientos de las composiciones, una producción donde lo primitivo, lo clásico y la modernidad abstracta danzan en círculos recitando un poema sin palabras.

¿Quién diría que uno de los acercamientos más interesantes hacia la música experimental lo haría un artista que se reconocía hace poco como “Clásico”? Es que exactamente este “atentado”, este “juego” en contra a lo establecido, en contra a la forma, a la intención, en contra al género musical, lo que hace de Ocaña un artista auténtico. No hablemos de John Cage, ni de Brian Wilson, ni de Phil Spector, ni Sufjan Stevens o en su defecto, Panda Bear, hablemos de que aún es posible que bajo esta cúpula de influencias, pueda nacer algo puro, un compendio de canciones de las que pueda cuestionarse su honestidad, su subtexto, su capacidad de alargar o acortar la noción del tiempo, de codificar o descodificar un laberinto de impresiones que se nos presenta con capas de nostalgia, sueños, memoria y distancia. (Al final de este párrafo recomiendo al lector escuchar los últimos dos minutos de In Trance 2, uno de los momentos más épicos de toda la obra).

 

Muchas veces la distancia es la culpable de que nos pongamos melancólicos, los recuerdos sacan de nosotros lo más intensos sentimientos, esa nostalgia de no estar en ese lugar que nos vio nacer o junto a esos seres queridos, es casi paradójica; la distancia muchas veces nos une más, nos hace involucrarnos en una especie de culto de amor a lo que no tenemos cerca de nosotros.

Anthony Ocaña y Nelson Ricart-Guerrero, ambos dominicanos, residen lejos de la isla, al otro lado del mundo para ser específicos, el primero traduce esa nostalgia en la música, y es casi palpable en In Trance, notable desde los primeros minutos de Ritos, donde ese olor a tierra húmeda, a café mañanero, a sol caribeño es descrito con sonidos, las guitarras, la güira, los teclados, en fin cada sonido nos da esa sensación de que hablamos de esa nostalgia causada por la distancia.

 

La nostalgia de Nelson Ricart-Guerrero, se traduce a través de la voz de Juan Olivares, con un poema estremecedor y hermosamente erótico con una historia que nos traslada a nuestra isla, miles de años atrás. Ese amor pasional, ese amor entre guácara, la sensualidad, la belleza orgánica nos hace añorar aquellas tierras, aquellas montañas, aquellas noches y todo enlazado gracias a Ocaña que la hace parte esencial de esta producción.

Musicalmente, In Trance es una historia formada por 6 capítulos y un poema, en el cual Anthony hace de productor y compositor, sentimos un trabajo adulto dirigido a un público amante de la experimentación, es menos clásico de lo que nos imaginamos, una producción tan versátil que puede exponerse en cualquier ámbito, un trabajo instrumental moderno, con una línea de narración ideal, sin necesidad de líricas algunas, en donde la fusión está a la orden del día, las composiciones In Trance 1 e In Trance 2 son los mejores ejemplos de esto.

Uno de los momentos mas delicados dentro de esta producción se encuentra en “La Última Cena de Rita” en donde Ocaña narra una historia sonora perfecta, las percusiones, la güira, las guitarras, las voces coreadas,  capaz de contar con una introducción, un trama y un desenlace… cada momento es importante en el desarrollo de la misma y nos intriga, como si alguien estuviera narrado tales sucesos, sientes la tristeza, sientes la agonía y vuelves a sentir la vida, la alegría, después de un adiós.


In Trance es ese álbum que nunca nos imaginamos que podía ocupar un espacio en nuestros reproductores portátiles, pero sí, tiene el potencial de compartir espacio con cualquier trabajo musical de los últimos tiempos y no solo con ellos, con cualquier trabajo musical de su categoría. In Trance es una experiencia, es un trabajo maduro con direcciones trascendentales, es un álbum que marca una evolución, acercamiento y una nueva perspectiva no sólo referente a la música sino también en referencia al arte contemporáneo dominicano.

Pueden disfrutar de esta obra sonora a plenitud desde su Soundcloud o Bandcamp donde pueden comprarlo y apoyar el talento de estos dominicanos.